dimecres, 16 d’agost de 2017

Fort Knox

Este verano han vuelto a entrar en casa de mis padres, ya es la segunda vez. En la primera utilizaron la fácil accesibilidad al piso para robar en casa de los vecinos: a mis padres no les robaron nada, lo revolvieron y rompieron absolutamente todo, incluso se bebieron un par de bebidas enlatadas -aunque la científica no halló a los culpables, a pesar de tener su ADN; sí, ya sé que he visto muchas pelis y esto es España...


Al igual que la otra vez, han robado en ambas casas y a mis padres les han dejado su pertenencias intactas. O bien los vecinos tienen una mina de oro en su casa o estamos en todas las listas vacacionales de los ladrones de pisos. En todo caso, mi padre ha encargado un cartelito de latón para la puerta de entrada, en el que dice: "Siga buscando, en esta casa ya han entrado dos veces".

dimarts, 28 de febrer de 2017

Reacondicionado

Adoro la belleza del lenguaje y del marketing. Ahora está de moda vender productos reacondicionados: a ver, de los de segunda mano o que han estado expuestos, devueltos o tienen un golpecito, los de toda la vida; pero debo reconocer que no suena igual, porque con reacondicionados mi conciencia se queda como más tranquila, estoy dando una segunda vida a un objeto, le estoy dando una oportunidad. Y en el fondo es así de sencillo, es lo que estoy haciendo, no caer en la absurdidad consumista de deshechar todo lo que ya no está de moda o no funciona (y se puede arreglar).


Así de feliz me pongo cuando encuentro una ganga de mercadillo.

De hecho, al final me he comprado un móvil reacondicionado, uno de esos de la manzanita, y ahora puedo decirlo con toda la autoridad del mundo, no son nada del otro mundo: es poco práctico, poco intuitivo, pesa mucho, y encima pone clarito que lo han fabricado en China, así que mi conciencia se tambalea... suerte que le he dado otra vida. De hecho, es algo que llevo tiempo haciendo, y ya no por una cuestión económica, a menudo prefiero comprar de segunda mano algunas cosas, sobre todo libros y películas en dvd (dos cosas a las que soy adicta). Mis padres siempre han sido un poco así, si algo no lo usas o ya no lo necesitas, ¿por qué no cambiarlo con otra persona para la que sí sea importante?

diumenge, 29 de gener de 2017

El año del gallo o cómo ser mujer

Mi menstruación solo viene en días señalados, necesita hacerse notar, incordiar, torturar... Llevamos un año estupendo: primero vino por Reyes, a buscar su regalo; y hoy, que celebramos el nuevo año chino, ahí está, acechando otra vez. Estoy acongojada, porque en nada tenemos mi santo, el cumpleaños del suegro, San Valentín... y todo en menos de 15 días. Y sí, es irregular, viene cuando quiere y tarda en marcharse, es como un pariente lejano al que no quieres ni ver, pero tienes que aguantarlo.


Estoy deseando tener la menopausia solo por ahorrarme el mal trago, aunque viendo cómo lo pasó mi madre, no sé yo si me convence demasiado. Lo peor es esta sensación entre fragilidad y furia descomunal, en la que tan pronto le pegaría a alguien como me echaría a llorar, o todo a la vez. Y lo único que parece calmarme es comer toneladas de chocolate.
Y en otro orden de cosas, que nada tienen que ver: muchas felicidades a todos aquellos que hoy entráis en el año del Gallo.

divendres, 27 de gener de 2017

De compras

He estado mirando bolsos, porque siempre voy con la mochila y a veces me gustaría ir de mujer fatal, y para ello necesito un precioso bolso de piel, que haga juego con mi mirada... pero en cuanto he visto que ninguno de los que me gustaba bajaba de 100 euros he pensado que si me lo roban me iba a saber peor perder el bolso que su contenido, si yo no he llevado más de 5 euros juntos desde hace años. 


Que no es coña, es tentar la suerte: a una amiga mía le robaron el móvil y se lo devolvieron por pena... a mí ni siquiera me lo miran, porque se apaga a discreción, o sea, cuando le da la gana (no lo diré muy fuerte, pero los Reyes me trajeron un vale para uno nuevo).

diumenge, 22 de gener de 2017

Un buen marido

El roncador es un muy buen marido, pero tiene un defecto, está muy enamorado y no puede estar mucho rato alejado de mí. Sé que a priori eso suena maravilloso, y no me quejo, aunque a veces tengo ganas de pasar un poco de tiempo conmigo misma. Hace unos días así se lo manifesté, le dije que igual iría bien que se buscara una afición, o mejor, que se hiciera católico y se fuera los domingos a misa de 12, que yo con eso ya tenía suficiente.



Pues no va y se me levanta hoy diciendo que a las 12 tiene cita con Dios... hoy que tengo muchas ganas de mantita, sofá, película y unos mimos de roncador. Al final me ha dado una alternativa, aunque me he decantado por otra: que vaya poniendo la 2, porque llevan toda la vida dando la misa de los domingos y así la vemos juntos. Eso me pasa por poco cariñosa y desapegada. Ahora no sé si hacer palomitas o sacar el rosario de mi abuela, menudo dilema (igual ya vale con el último capítulo de The young pope, que me tiene enganchadísima).

dissabte, 21 de gener de 2017

Poco tacto

Hay gente que ha nacido con el tacto intacto, o carente de él. Sin ir más lejos, hoy me estaba acordando de una vez que fuimos al ginecólogo cuando era jovencita, igual tenía 18 años. Íbamos a menudo porque tuve la gran suerte de que mi primera menstruación no fuera hasta la mayoría de edad y, además, tuve varios diagnósticos peculiares, así que me miraban a menudo mis partes púdicas. No es que tenga nada en contra de la medicina pública, todo lo contrario, estoy contentísima con ella, pero en lo referente a ginecología al final opté por la mutua, porque las listas de espera eran terribles e iba sobremedicada (algo que no me gusta nada). 


En fin, os digo esto porque iba a un hospital universitario, así que a menudo, sin previo aviso, entraba un conjunto de seres con bata blanca, un poco mayores que yo, a verme espatarrada y a los que se les contaba mi caso, sin tener en cuenta mi persona, mi corta edad, ni que me sintiera como un mono de feria. Pero ese día, en el que fui con mi madre a la consulta del médico a hacerme una prueba, fue el definitivo: la enfermera me llamó al pasillo y me hizo un montón de preguntas íntimas, poco propias del lugar donde estábamos, tan público y cercano al oído de todos, y la descuidada mujer me preguntó si ya había tenido relaciones sexuales (con mi madre de pie detrás de mí) a lo que respondí la verdad, no sin poner cara de póquer; al cabo de unos segundos, vi cómo modificaba su expresión, había visto la luz y me preguntó quién era la señora que tenía detrás... Mi madre, que siempre ha sido muy prudente, me comentó luego si lo que me había estado preguntando era si todavía tenía la regla (es tan educada, a veces parece inglesa).

dijous, 19 de gener de 2017

Visión

De pequeña ya era una rebelde sin causa: ahora estas cosas ya no pasan, pero a los 4 años quisieron ponerme un parche en el ojo, tengo un ojo vago (un poco como yo) y era una forma de reeducarlo. Por supuesto, a pesar de mi corta edad, conseguí que no me lo pusieran y fui corrigiéndolo con el no uso de las gafas; en poco tiempo mejoré muchísimo, incluso la hipermetropía. Y así he ido capeando el temporal hasta la edad adulta.


De repente, era miope. Seguía siendo vaga, hasta la muerte, pero mi visión había cambiado de condición, con lo que ahora ya no sé nunca cuándo ponerme las gafas, puesto que si me las pongo por la calle no calculo las distancias y choco contra todos los obstáculos. Siguiendo las directrices de mi joven yo, me las pongo solo en ocasiones excepcionales, porque todavía tengo la potestad de decidir qué es lo que quiero o no ver, y contra qué o quién quiero chocar.
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